La otra tarde, mientras tomábamos mate con mi
marido, caímos en la cuenta de cuánto habían cambiado las cosas en casa. El
está pudiendo estudiar, los chicos son muy colaboradores y sobre todo
reflexionamos sobre las etapas.
Siempre supe que debía esperar el tiempo
madurativo de cada uno de mis hijos para el tema “pañales”, en cambio a mi
marido, muchas veces le ganaban las imposiciones sociales. Yo decía: “No
importa si es invierno o verano, van a dejar los pañales cuando no los
necesiten más”, pero a él le costaba creerlo.
Mientras tanto usábamos la “pelela” (cuando se
acordaban) o el adaptador de inodoros pero si querían continuar con el pañal
así lo hacían.
Cabe aclarar que uno de mis hijos desde el año
y nueve meses que no quería hacer caca en su pañal y pedía ir al baño. Ese fue
un paso importante pero igualmente decidimos acompañar sus etapas sin
apurarnos.
Al día siguiente de su cumpleaños número tres,
Ulises me dijo que no quería más
pañales, se los sacamos y fue un día sin accidentes.
Llegó la noche y le propongo ponerse pañal para
dormir pero me responde que él ya los dejó. Entonces le explico que a veces
dormido se puede escapar un pis y que si quería le ponía un toallón en la cama.
Pero él me responde con mucha seguridad: “No mamá, no me voy a hacer pis y el
toallón ponéselo a Rami si querés”.
Acepté su petición y hasta el día de hoy, el
máximo accidente fue no embocarle al inodoro!!!
Con Ramiro fue muy distinto porque él toma
mucho líquido durante el día. Así que transcurrió el verano y aunque
ocasionalmente estaba en calzoncillos prefería el pañal. Creo también que había
una cierta cuota de vagancia de su parte porque casi todo el día (cuando se
acordaba), pedía para hacer pis.
En marzo, a sólo dos días de empezar las clases
nos enteramos que en el jardín donde iban a ir jornada completa, no podía
entrar con pañales y como yo no tenía intenciones de obligar al nene a dejarlos
en dos días, rechacé las vacantes y fuimos a lista de espera de otro jardín.
Mientras tanto, como ellos estaban esperando
ansiosos empezar el jardín y no pudieron ir, hablamos de lo sucedido y le
explicamos a Ramiro que iban a ir a un jardín distinto al que ya habían visto y
sólo por la tarde pero que durante las horas de jardín no podía usar pañal
porque la “seño” no se los podía cambiar. Lo entendió muy bien y sólo una vez
tuvo un accidente camino al jardín, pero cuando volvía a casa pedía el pañal
nuevamente.
De a poco, el tiempo de pañal se fue acortando
y llegó solamente a usar por la noche, desde abril hasta los primeros días de
junio. De todos modos siempre le preguntaba cuando iba a dejar los pañales de
la noche y él respondía: “Cuando sea más grande”, después empezó a responder:
“el martes” y cuando llegaba el día me decía: “Hoy no, me equivoqué”, así que
seguíamos transitando las noches con pañales.
Pero el 10 de junio me dijo: “Ahora sí mamá, ya
soy grande, tirá los pañales o dáselos a otro bebé”.
Las dos primeras noches estuvieron muy bien
pero después (como tiene el sueño muy pesado), se hacía pis.
Le pregunté si quería otra vez el pañal y me
dijo que no, pero se angustiaba y lloraba cuando se despertaba mojado. Así que
decidimos poner el despertador y llevarlo al baño en la madrugada. Así estamos
desde Junio pero no se mojó más y él se levanta feliz porque es un nene
grande!!!
Con respecto al chupete, trataré de ser más
breve.
Sólo Ulises usó chupete y tenía las paletas
(los dos dientes de adelante), un poco hacia fuera. Todos los días le decíamos
y le mostrábamos que el chupete no le hacía bien.
Ya tenía 3 años y 4 meses cuando nos dimos
cuenta que sólo lo buscaba para dormir y durante el día no lo usaba.
Una noche jugando con su hermano se golpea la
boca y le sale un hilo finito de sangre. Llamo a una amiga odontopediatra y nos
dice que por unos días no puede succionar, así que aprovechamos la situación y
le contamos lo que dijo la “Dra. de los dientes” para que el diente no se mueva
mucho y se recupere bien.
La primera noche pidió el chupete y le
recordamos lo que dijo su odontopediatra, rezongó sin llorar, dio algunas
vueltas y se durmió.
La segunda noche volvió a preguntar, hablamos
de lo mismo y se durmió más rápido.
La tercera noche volvió a preguntar, hablamos
de lo mismo y le ofrecimos un trato, si pasaba 7 días sin chupete podía pedir
un premio y guardamos el chupete en una cajita plástica en el fondo de un
cajón.
Pasaron los días y se olvidó. Sin llantos, sin
angustia y sin noches sin dormir para nadie.
A su hermano, no le gusta para nada el chupete
pero usa la mamadera más pequeña que tenía de bebé con jugo de manzana.
Es lo último que nos queda dejar, ya les
contaré como nos va pero es un tema que también hablamos todos los días y por
ahora él dice que lo va a dejar en su cumpleaños número cuatro.