En una aproximación al tema, desde la mitología y desde la antropología, encontramos que las antiguas civilizaciones griega y romana consideraban al embarazo múltiple como un hecho bueno porque en su génesis interviene alguna divinidad que muestra alguna intención o revela algo. Motivo por el cual llevaba a que los gemelos fueran vistos con desconcierto y respeto. (1)
(…) Ya en las cultura orientales, más precisamente Japón y China continental, encontramos que la concepción gemelar es considerada una desgracia, como una degradación a lo animal. Para ellos este tipo de concepción caracteriza a los animales, por lo tanto indignas de un humano. En estas culturas los embarazos múltiples son ocultados con vergüenza. En algunos casos ellos tienen un destino cruel y macabro. (2)
Estos pequeños fragmentos extraídos de un libro sobre mellizos y gemelos citado al final nos dan un panorama general de lo que quiero hablar.La gran mayoría de los padres de múltiples aceptamos como algo especial y un gran regalo de la vida esta posibilidad de tener más de un hijo juntos, pero muchas veces la sociedad, las instituciones y muchos profesionales de la salud lo toman como algo “anormal” y que debe ser remediado.
No voy a ahondar en cuestiones que le conciernen a la ciencia. Está totalmente claro que el cuerpo de la mujer está preparado para traer de a un hijo al mundo. Pero si, puede suceder que haya más de un niño gestándose en su interior, quiere decir que aunque es más riesgoso puede pasar y eso lo hace “fuera de lo común” y algo fuera de lo común no necesariamente es algo malo. No voy a separar entre embarazos “naturales” y “con tratamiento”, no es mi objetivo transitar ese ámbito porque a mi me interesa el “después”. Ese grupo de niños que llega al mundo de una manera muy especial y con un vínculo muy distinto con su/s hermano/s que el vínculo que tiene cualquier grupo de hermanos de distintas edades.
Así como las citas parecieran indicar algunos pensamientos de antaño, voy a intentar demostrarles que no, que muchas cosas siguen presentes hasta el día de hoy. Algunas situaciones pueden parecernos graciosas y divertidas y otras no, nos divierten en absoluto.
Cuando una lleve en la panza más de un niño y haya atravesado la oscura desesperación de no saber qué hacer con “tantas” criaturas durante el primer mes de la noticia, difícilmente escuche comentarios desafortunados. Si los escucha son los más dolorosos porque suelen provenir de un familiar o de una amigo/a que tampoco sabe manejar la mezcla de hormonas y sensaciones de la madre incipiente y termina generando una sensación bastante desagradable en la que no me voy a detener porque cualquier madre múltiple podrá recordar.
Pero a medida que la panza crece y a los seis meses tenemos la panza de una mujer a punto de parir, la gente pregunta y ante la respuesta de “son dos o más” los comentarios empiezan a asomar y una se va queriendo acostumbrar con una sonrisa forzosa a lo que nunca se termina de acostumbrar.
Ahora bien, pasado este período y con los niños pequeños la cosa se complica más porque acá es dónde aparece lo que más me importa para este post.
Como si la sociedad estuviera dividida entre griegos y japoneses (por hacer referencia a lo citado) hay mujeres ya ancianas que se desviven por tocar la mano o la cabeza de nuestros hijos. Parecería que piden un deseo y la cara se les ilumina.
Y por el otro lado están los que con cara de asco nos miran de lejos y murmuran como si realmente traer más de un hijo al mundo fuera una ¡aberración de la naturaleza!
No sería problemático si esto quedara en los comentarios de la gente que pasa y nada más pero lo triste es cuando las insinuaciones vienen del lado de los profesionales.
Por suerte conservan, algunos, un poco de ética y son moderados en lo que dicen.
Entonces volviendo a la cuestión de griegos o japoneses el campo de batalla de hace más difícil a la hora de lidiar con un psicólogo “japonés” o una directora de escuela con pensamientos orientales (para no estigmatizar tampoco a los japoneses ya que no tengo nada en contra de ellos).
Por regla general, para la mayoría de los psicólogos y/o maestros, ser mellizo, gemelo o ser más de dos hermanos nacidos del mismo parto es algo horroroso. Pero no lo describen como lo piensan, sino que hacen todo lo posible por hacerles creer a las familias que la condición de sus hijos es grave y que si no los separan a tiempo (cuando ellos lo dicen), después (cuando los padres lo consideren necesario), va a ser demasiado tarde y como si de animales se tratara creen que uno va a hacer simbiosis con el otro.
Pero no desesperen madres y padres múltiples porque por suerte dos de cada diez profesionales piensan distinto al común de la sociedad. El detalle es que ¡hay que encontrarlos!
Parece gracioso, pero no lo es. Porque gracias a gente con este tipo de pensamiento que dice “hacer lo mejor para la individualidad de los niños” , las familias y los chicos podemos llegar a atravesar momentos de mucha angustia y frustración en la etapa escolar de nuestros hijos, algo que es totalmente innecesario y evitable. Tengamos en cuenta que en el 99,9% de los casos de profesionales que plantean la separación nunca vieron a nuestros hijos y pretenden construir un concepto de individualidad sacado de un manual y partiendo de una generalización como la siguiente: “todo múltiple debe ser separado de su hermano en pos de su individualidad”.
Y acá me voy a detener. Parece que esta gente no leyó la cantidad de casos de gemelos separados al nacer que hicieron prácticamente la misma vida a kilómetros de distancia. Como tampoco leyeron los informes de otras escuelas o de otros profesionales sobre nuestros hijos, ni siquiera les conocen la cara y es lo mismo ser mellizo que gemelo, dos varones, dos mujeres, mixtos, tres y dos, dos y dos, tres y uno o la infinidad de combinaciones que tenemos disponible. Da lo mismo porque lo que importa es separar a esos chicos a tiempo y si sufren “ya se van a acostumbrar, es sólo cuestión de unos meses o que uno se canse de llorar y el otro se enferme”.
La cruel realidad es que son pocos los profesionales y los docentes que apoyan la decisión de padres e hijos múltiples. Hay muchos chicos que piden ir separados a la escuela, hay otros que funcionan muy bien juntos y cada uno se desarrolla de manera individual con un grupo de amigos distinto dentro del mismo curso. Hay muchísimas posibilidades por eso debería ser distinto y cada escuela o cada maestro o profesional de la salud o educación que quiera decidir si les hace mal o no haber nacido en el mismo parto se tomen el tiempo necesario para evaluar a cada niño de manera individual y en relación a sus pares incluyendo su/s hermano/s.
Es agotador para una familia llamar a treinta escuelas y tener que decidir entre tres porque las demás por disposiciones “divinas” (ya que no existe ninguna ley en Argentina que lo determine) los separan de curso. Lo más irracional es escuchar en el caso de trillizos que tienen que separarse dos en un grado y uno en el otro (porque la escuela tiene sólo dos divisiones) y no tienen una justificación a semejante acto injusto para el que queda sólo, si no lo quiere así. También es muy triste darse cuenta que las tres escuelas que los aceptan juntos tienen una sola sala y quedarnos con la duda si comparten lo que sentimos y pensamos o es sólo para ellos una cuestión de espacio físico.
Lo ideal sería que uno pueda inscribir a sus hijos en el colegio que “elija” y no en el que “pueda”. Para poder evaluar como se desempeñan juntos si así lo consideran y que la escuela tenga la flexibilidad de acompañar esta decisión y si llegara a ser necesario separarlos por algún motivo puntual que afecte a los niños, los padres puedan sentirse contenidos, acompañados y abalados por la comunidad educativa. Porque la mejor manera de educar a un niño es también escuchándolo y respetando sus necesidades emocionales. Hay un vínculo único y maravilloso que los demás no podemos terminar de comprender sin la ayuda de nuestros hijos múltiples y acompañar a nuestros hijos es una tarea ardua si uno tiene que enfrentarse a tantos atropellos institucionales que nos niegan el derecho a elegir dónde los queremos educar.
Ser múltiple no tiene que ser un estigma para nuestros hijos, es algo poco habitual y que construye un vínculo único y especial que no tiene por qué ser destruido arbitrariamente ni generar en nuestros hijos un sentimiento que los haga sentir “extraños” en nuestra sociedad.
Los nacimientos múltiples son más frecuentes en los tiempos que corren, ojala de a poco podamos conseguir que se nos respete y se nos de la posibilidad de elegir.
Si necesitan más información pueden visitar el siguiente link, La Fundación Multifamilias también tiene un grupo en Facebook.
http://www.multifamilias.org.ar/bibliografia2c.html
(1) Luis Velloso y Marta Fatone, Gemelos y mellizos: conociendo a hijos múltiples, pág. 122.
(2) Luis Velloso y Marta
Fatone, Gemelos y mellizos: conociendo a hijos múltiples, pág. 123.