jueves, agosto 22, 2013

La primer gran travesura…

Hace unos pocos días, exactamente el día del niño (18-08-2013), mis mellizos de casi cuatro años tuvieron su primer gran e inocente travesura pero de esas que son muy peligrosas. Por suerte todo salió bien pero paso a contarles porque después del evento estuvimos casi dos días como en estado de shock por decirlo de algún modo.

Finalizaba el domingo y bajan mis dos hijos con mi marido a despedir a mi papá que había cenado con nosotros y se estaba yendo pero como era el “Día del Niño” mi papá les había traído una pista lanza autos y ellos estaban muy emocionados viendo volar casi literalmente autitos de juguete.

Aclaro que como vivimos en un edificio hay que acompañar a los visitantes hasta la puerta de entrada.
Mientras mi marido despedía a mi papá, los niños van hacia el ascensor (como siempre lo hacían pero se quedaban ahí hasta la llegada del adulto que estuviera con ellos). Esta vez, parece que la urgencia por jugar hizo que se subieran al ascensor, creo yo que para esperar a su papá ahí dentro pero cerraron las puertas y alguien en algún piso llamó al ascensor.
Supongo también que cuando vieron que el ascensor comenzaba a subir y estaban solos intentaron abrir la puerta y por eso el ascensor se frenó pero en nuestro edificio no hay puerta de salida al primer piso, solo pared…

Yo estaba en casa, lavando los platos cuando escucho gritos desesperados de mi marido y de los chicos. Mi marido gritaba “Dónde están?!” y subía y bajaba las escaleras corriendo tan rápido que sólo lo pude ver por un instante cuando me asomé. Los chicos gritaban y lloraban y yo salí así como estaba pero tuve un segundo de lucidez y volví a buscar las llaves del departamento y el celular, cerré de un portazo y fui corriendo a planta baja.
Ahhh también en nuestro edificio existe el piso (-1) subsuelo que tampoco tiene salida y es una pared porque no tenemos subsuelo pero si alguien toca el botón el ascensor va hacia abajo, con lo cual no sabíamos en dónde estaban nuestros hijos.
Sinceramente yo no entendía qué estaba pasando y mi marido era sólo una sombra que pasaba por mi lado corriendo mientras subía y bajaba. Creo que en su desesperación él tampoco entendía lo que hacía porque no contribuía en nada correr y gritar.

Llegué a planta baja y me encuentro a un vecino que siempre bebe de más y ese día no era la excepción que me da algunas ideas absurdas para tratar de sacar a los chicos. Durante dos segundos tuve a mi marido a mi lado y le pedí que subiera a buscar a la encargada del edificio, no sabía bien que iba a hacer pero sabía que lo primero era buscar que se calmaran para saber si estaban lastimados o no y ver que se podía hacer.

Desde ahí empiezo a hablarle a los nenes, a decirles que yo estaba ahí, que se queden tranquilos y que los íbamos a sacar. La realidad es que ni yo sabía como iba a sacarlos, ya me imaginaba a los bomberos teniendo que socorrernos por eso empecé por el camino de hablar y tranquilizar. Sinceramente no creía que se solucionaría pronto pero cuando escucharon mi voz se calmaron bastante rápido. De hecho se hizo un silencio que me heló la sangre porque no sabía si me escuchaban o se habían desmayado y de repente escucho la voz de mi marido desde otro piso que le da las indicaciones a Ramiro para que con mucho cuidado cierren la puerta y aprieten el número cero. En segundos el ascensor comenzó a moverse pero fue hacia arriba, nadie recuerda en qué piso paró, ni siquiera mi marido que era el que los iba siguiendo por los pisos.
Cuando los vi, tenían una carita de susto terrible pero no estaban lastimados y se los veía muy pero muy afligidos.
El padre tuvo que reponerse y le llevó algunas horas, en mi caso, no se porqué pero sentía que las cosas ya estaban bajo control. Llevé a los chicos a su habitación les pregunté lo que había pasado y les expliqué todo lo peligroso de la situación para que entendieran que no se pueden subir solos a un ascensor. Por esa noche suspendí los juegos , los abracé muy fuerte, les dije cuanto los amo y les aclaré que al día siguiente íbamos a hablar los cuatro pero que ahora vayan a descansar.

Fue un momento terrorífico para todos por lo que no me pareció adecuado gritar y asustarlos más. Creo que con lo que vivieron en el ascensor fue más que suficiente!

Al día siguiente charlamos los cuatro sobre lo sucedido y ya más calmados, Ulises nos cuenta que él no podía tocar ningún botón porque estaba muy asustado y que fue Ramiro quien cerró la puerta y apretó el botón.

Sin medir demasiado la expresión solté un “wow como un super héroe” y Ramiro me responde:
“No, mamá yo era Tony Stark porque no tenía el traje”.
No pudimos evitar reírnos de su inocente ocurrencia y admirar la fantasía y el poder de imaginación de los niños aún para las situaciones más complicadas.