martes, junio 09, 2015

Me equivoco todos los días...

Hace mucho tiempo que no escribo y  por estos días ya estoy pensando que para la segunda mitad del año debería abandonar algunos compromisos pero no es fácil.


De todos modos, en muchas oportunidades, sentí la necesidad de escribir un post como el de hoy.

Es muy frecuente, en alguna charla con otras madres, que me miren como insinuando que no soy “normal” o que simplemente estoy mintiendo porque una persona “normal” no puede dejar de perder los estribos alguna vez.

Sin hilar demasiado fino en las cuestiones de lo “normal” y lo “anormal” me pareció interesante hablar de estos temas y demostrar que “me equivoco todos los días”.

Estoy de acuerdo con que “todos perdemos los estribos alguna vez” sino no seríamos humanos pero no estoy de acuerdo en justificar y naturalizar este tema.

No estoy de acuerdo en buscar el consenso de varias madres más para convencernos de que es normal “dar un chirlo” a nuestros hijos porque estamos cansadas, estresadas, nadie nos comprende o simplemente los chicos son “terribles”.

No estoy de acuerdo en que nuestros hijos sean los depositarios de nuestras frustraciones y de todo lo que no pudimos o supimos hacer cuando teníamos el tiempo disponible.

Criar desde el respeto es sumamente difícil, y para que vean que  no soy la mujer maravilla ni una loca que vende espejitos de colores, se me ocurrió hacer una lista de algunos de mis errores, los que voy descubriendo de a poco…

- Me cuesta no transmitirles mis miedos.

Por ejemplo, no soporto ir a la plaza. No es porque no me gusta que jueguen, sino porque me da miedo que se accidenten  y me pongo súper cargosa.
No me molesta que se ensucien, que jueguen en la arena, que rompan la ropa. Me dan miedo las trepadoras y los árboles altos. Me empieza a doler el estómago y me convierto en la sombra de ellos.
Esto, sin tener en cuenta que más de una vez termino enojándome con las madres que se olvidan que tienen hijos cuando van a la plaza y los niños se olvidan que existe el respeto porque en realidad nunca aprendieron a esperar su turno.
Lo bueno es que mientras yo trato de lidiar con este miedo, a la plaza van con papá.

- Hasta hace poco, oficiaba de árbitro en las peleas, pero me di cuenta que no los ayudaba a resolver sus conflictos con el otro y que cuando el “agresor” era alguien distinto a su hermano, no tenían herramientas para defenderse. Intervenía antes de que se arme la discusión. Siempre fueron discusiones más que nada verbales porque nunca se han pegado hasta ahora pero protegerlos de esa manera no los ayudaba a crecer.

- Cuando estoy con mucho trabajo o preocupaciones, puedo contestar mal, con palabras “desmedidas”.
Lo positivo es que puedo pedir perdón y por lo general me doy cuenta pronto porque ellos también aprendieron a decir lo que les molesta.
Lo difícil en este punto, es lo que dije anteriormente: “no  encerrarse en la justificación del enojo”, porque eso tampoco nos permite crecer.

- Amenazo. Cuando pido tres veces las cosas y no hay respuesta amenazo y hasta puedo levantar la voz!
A veces con cosas totalmente absurdas (que nunca haría) pero que generan el susto suficiente para que cambien de opinión.
Pero no es miedo lo que quiero obtener de mis hijos.

Sé que  muchos pueden sentirse identificados.
Sobre todo esto y muchas cosas más trabajo todos los días. A veces me va mejor y otras peor. Pero la idea desde el inicio es eliminar la violencia en todas sus formas.
Con la violencia física no hubo ningún tipo de problema, todos aprendimos (de ser necesario) a usar las almohadas.
Con las palabras la lucha es cuerpo a cuerpo, siempre fui mal hablada y verborrágica pero  hay que buscarle la vuelta.
Por cada mala palabra de mamá, una moneda más va a la alcancía de los nenes.

Estas son algunas de las cosas que considero que tengo que mejorar, algunas se aprenden más rápido que otras pero siempre hay  algo que podemos cambiar, un NO que podemos transformar en un SI, un enojo que no era para tanto y puede transformarse en sonrisa.
Los chicos crecen muy rápido y si les prestamos atención ellos nos pueden enseñar o recordar todas esas cosas que alguna vez olvidamos.

A modo de cierre, va una anécdota de ayer.

- Estaba poniendo la mesa para cenar y uno de mis hijos jugaba a que era yo.

De repente escucho:  -  ¿Si les pongo Netflix veinte minutos paran de hablar?
Y se largan a reír a carcajadas.

Debo confesar que me reí pero también me quedé pensando en este post.

jueves, marzo 05, 2015

Iguales y distintos

Hace mucho que no escribo. Estuve estudiando unos meses y este último mes poniéndome al día con todas las deudas pendientes con mis hijos. Salidas y paseos, partidas de ludo matic, cuentos, cine y demás. Pero como siempre que tengo un poco más de tiempo se agudiza mi observación, aquí estamos.
No solía prestar demasiada importancia a los comentarios de muchas mamás múltiples con respecto a la máxima que indica “criar dos o más niños de la misma edad juntos no es lo mismo que criar dos o más niños de diferentes edades”, pero hoy debido a una experiencia que tuvimos creo que me saturé.
Me di cuenta que durante estos cinco años tuve que lidiar con opiniones de personas que no tiene mellizos y en algunos casos ni siquiera tienen un hijo. 
Me di cuenta que tuve que lidiar con profesionales de la salud y hasta con docentes que sin saber nada del vínculo de dos hermanos nacidos en el mismo parto, sacan las instrucciones de un libro lleno de polvo y de experiencias ajenas que carecen de observación y respeto por la integridad del niño y la familia.
Muchos de ustedes pensaran que soy una exagerada y hasta hace un tiempo yo también pensaba que otras mamás exageraban, pero no.
NO es igual el vínculo entre mellizos, trillizos o más que el vínculo entre hermanos de distintas edades porque los niños nacidos en un mismo parto comparten (la gran mayoría de las veces) la fecha de cumpleaños, porque los dos necesitan mucho a mamá en el mismo período de tiempo, empiezan a gatear o caminar para la misma época o con poca diferencia.
Porque cuando tienen que dejar los pañales se multiplican los charquitos de pis y las idas y venidas al baño, cuando hacemos adaptación en el jardín se dividen los brazos de mamá y hasta papá tiene que participar para colaborar.
Porque cuando hacen actividades en el jardín y se pide, “cada niño debe venir acompañado por un adulto” hay que reacomodar los horarios para poder acompañarlos. 
Porque ellos desde el momento cero están “obligados” a compartir todo, cuando nunca pudieron ser el “único bebé de la casa por un rato”. 
Porque además del “olor de mamá” y los “latidos de mamá”, están los olores y latidos de los hermanos o el hermano.
Pero así como tienen tantas cosas en común y en simultáneo, también tienen sus adorables diferencias porque cada ser humano tiene atributos o características que lo definen o que nos muestran su forma de ser. Atributos que lo definen por lo que son y no por oposición, si uno es  tranquilo el otro no tiene por qué ser el extremo opuesto, simplemente ES sin comparaciones. Ya bastante nos cuesta a los padres no caer en comparaciones para encima tener que  escuchar las preguntas y comentarios de lo que es mejor para nuestros hijos.

Si todavía quieren saber cuál fue a experiencia de hoy les cuento.
Hace quince días fuimos a una evaluación fonoaudiológica para ver si alguno o ambos necesitaban tratamiento para corregir algunas palabras. La profesional a cargo del lugar  que les hizo la evaluación, me sorprendió para bien indicándome que sólo uno debía hacer tratamiento pero que como son mellizos, evaluemos junto con el pediatra si es necesario que vayan los dos.
La aclaración iba más que nada en relación al vínculo y a las dinámicas familiares que en familias múltiples no siempre son parecidas en todos los hogares. De mas está decir que salí súper impresionada por la apertura mental de la mujer y contenta de que por fin se escuchara a la familia y se respetara el vínculo de los chicos y se les diera el tiempo emocional necesario para ciertas situaciones. Pero sucede que hoy cuando vamos a nuestro primer encuentro con la fonoaudióloga (que es otra la que los va a tratar) aparece el planteo. Ni la fonoaudióloga ni la secretaria del turno tarde estaban al tanto de esta modalidad o proposición de la directora del lugar y la secretaria prácticamente me trató de estúpida y mentirosa cuando exponía lo hablado en la evaluación. 
No voy a detallar más, sólo que de los cuarenta minutos de sesión, treinta se perdieron dando explicaciones y respondiendo las mismas preguntas de siempre, entre ellas: ¿Por qué considera usted que deben venir juntos? Y así, señoras y señores, otra vez el cuento de la buena pipa. 

Ya perdí la noción de cuántas veces tuve que dar explicaciones de por qué hacemos tal o cual cosa o pedimos tal otra. No hay todavía una cantidad de gente capacitada para entender y atender las necesidades de familias múltiples. Hay que recorrer colegios e investigar si permiten que vayan a la misma sala, hay que buscar pediatras y profesionales que no comparen y que respeten las necesidades de los chicos y  siempre pero siempre tenemos que dar un discurso indicando todos los motivos por los cuales creemos conveniente se respete su condición de múltiples y a la vez se les de su espacio como individuos. 
¿Tanto les cuesta creer que como mamás o papás no conocemos a nuestros hijos y no sabemos cómo interactúan y qué es lo mejor para ellos en cuanto a sus emociones?