Un niño es un reto (...) que nos obliga a
mejorar a cada instante, a hilar fino y
perfeccionarnos para hacer frente a semejante
desafío constante, ¿Quién se atreve con ello?
Luis Antonio García
Hace unos cuantos días que no escribo y tengo muchas ideas dando vueltas y muy poco tiempo para ordenar las palabras en oraciones coherentes pero últimamente hay algunas cosas que me rondan más que otras.
Sin saber mucho del tema y siguiendo mi instinto nos fuimos volcando a la crianza con apego, prácticamente desde el momento cero. No fue algo consciente, me pareció que era lo habitual para toda familia pero transitando este hermoso camino de ser padres descubrimos que no.
No es lo habitual dejar que los chicos se pasen a la cama de los grandes, no es lo habitual que los padres alcen a upa a sus hijos aunque tengan 4 años, no es lo habitual que los chicos opinen desde su perspectiva de niños en cuestiones familiares que los afecta. Todo lo que hacemos en casa, no es lo habitual pero investigando y leyendo me di cuenta que de a poco mucha más gente decide “no hacer lo habitual” y dedicarle tiempo, amor y muchos mimos a sus hijos.
Sigo explorando libros, leyendo experiencias, escuchando y viendo otras.
Unas semanas atrás salíamos de un lugar y una niña gritaba, pataleaba, corría y se alejaba de sus padres. Se la veía muy nerviosa y angustiada. Parando la oreja me doy cuenta que la nena de aproximadamente 4 años quería upa y ni su mamá ni su papá querían levantarla. Estábamos con más gente con niños y nos pusimos a hablar en una esquina. Ramiro le pide upa a su papá y él lo alza y seguimos charlando sin problemas con otros adultos hasta que se escucha que alguien le dice a mi marido: “¡pero vos le das mucha bola! Y mi marido no respondió y yo por suerte no escuché el comentario.
La persona que lanzó el comentario tenía dos niños que le tironeaban la ropa uno para hablarle y otro para pedirle upa y nada… de a poco ya no se podía hablar y varios niños alterados gritaban y hacían berrinches y mis hijos estaban tranquilos uno de mi mano y el otro a upa del padre.
Ahora yo me pregunto, si con sólo mirar la situación uno se puede dar cuenta de lo que pasaba con los chicos y sus respuestas a la predisposición de los padres, ¿por qué tanta gente sigue manteniendo posturas rígidas que sólo conducen al caos y no a la armonía?
Ramiro no estuvo todo el tiempo a upa, después nos despedimos de toda la gente y caminó con nosotros quince cuadras de regreso a casa junto con su hermano. Todos estábamos cansados y si ellos lo pedían parábamos a descansar pero llegamos a casa sin gritos, llantos ni berrinches.
Se que tal vez suene muy extraño pero berrinches con todos los “ingredientes” sólo tuvimos una vez…
Creo que un dato fundamental es dejar de pensar que el niño está manipulando al adulto. El niño tiene una necesidad y trata de hacerlo saber como puede. Yo no me siento bien dejando de hacer upa a mis hijos si lo necesitan, todavía a veces alguno pide upa para mirar una película o en la mesa a la hora de comer. Y son sólo unos minutos de mimos y todo vuelve a su curso.
Me cuesta realmente entender que todavía sucedan estas situaciones y que se siga creyendo que los niños son “cosas” que uno adquiere porque es lo que indica la sociedad a cierta edad y después no sabemos muy bien qué hacer.
Claro que nadie nace sabiendo ser padre o madre pero, ¿por qué se repiten reglas sin pensar ni un segundo aunque los resultados no sean positivos?
No puedo decirles qué hacer durante los berrinches porque sólo experimentamos uno pero puedo decirles que si escuchamos las necesidades de nuestros hijos y le brindamos lo que necesitan, mimos, abrazos, contención y respuestas claras a sus dudas y pedidos todo se ordena y se encauza en armonía. Todos nos sentimos bien y por lo menos para nosotros eso vale mucho más que levantarnos con el cuello duro.
La infancia de nuestros hijos es un período muy corto, crecen muy rápido y después cuando uno los quiere abrazar (de más grandes) ya no quieren que los “hinchemos”. Entonces, ¿porqué no disfrutar el ahora y crecer junto con ellos?
No nos privemos de los abrazos de nuestros hijos y cuando no sepamos cómo seguir, si comprendemos sus mensajes, el camino se vuelve a iluminar. No es sencillo este recorrido, nunca vamos a hacer todo bien pero: ¿Por qué no intentarlo todos los días una y otra vez?
Les dejo para quien quiera leer los datos de dos libros que pueden ayudar a manejar situaciones difíciles:
- Priscilla Dunstan, (2010) "Los cinco sentidos del niño".
- Rosa Jové, (2011) "Ni rabietas ni conflictos",

