martes, diciembre 10, 2013

Basta de mamadera!

Y finalmente el día llegó…

En algún post anterior ya había mencionado que había depositado mi confianza en la palabra de mi hijo Ramiro que prometió dejar la mamadera el día de su cumpleaños número cuatro.

Todos los días, le venía recordando cuanto tiempo faltaba hasta el 7 de Diciembre. Por mi parte, desde hace un año estoy tratando de dejar de fumar. En un primer momento no conseguí la ayuda adecuada pero a finales de octubre di con el profesional adecuado y de a poco las cosas se fueron encaminando mediante un tratamiento.

A una semana de su cumpleaños hablé con Ramiro y le conté que faltaban sólo siete días para cumplir su promesa y que como sabía que era tarea difícil, yo también me comprometía a dejar de fumar. Así fue como el sábado 7 de diciembre, Ramiro en un solemne acto,  tiró la mamadera a la basura ante la presencia de su papá y su hermano y yo que sólo venía fumando 2 cigarrillos por día para ese entonces, dejé de fumar (o algo así). Claro que para mi no es tan fácil, fumaba quince cigarrillos por día y en el transcurso del último mes sólo fumé cuatro cigarrillos en vez de 465, por eso no siento que le haya fallado a mi hijo (ya que él nunca más), pidió la mamadera.
Es un trabajo difícil y diario pero me hace muy feliz saber que estoy muy cerca de dejarlo por completo y espero realmente nunca más volver a fumar.

Disculpen si este post no trata solamente sobre mis hijos o sobre crianza pero me pareció importante contarles también mi parte y el acuerdo que hice con Ramiro para que se evidencie que el diálogo sincero nos puede ayudar mucho.

De más está decir que me llena de orgullo saber que  respetando sus tiempos pudimos dejar pañales, chupete y mamadera, sin llanto, sin sufrimientos, sin amenazas y sin mentiras.

Es una experiencia más que gratificante  y ojalá a alguien le sirva de ayuda saber que hablando con nuestros hijos podemos ayudarlos a crecer y acompañarlos y conocer sus tiempos, sus miedos y sus necesidades para poder contenerlos y darles confianza en sí mismos.

martes, septiembre 17, 2013

Tips para la hora de la comida

Para que la hora de la comida no sea una batalla campal puedo contribuir con algunas ideas que me han funcionado pero a otras personas tal vez no.
Siempre existe ese famoso período en dónde las mamás decimos que nuestro hijo no come  o no come bien o no come lo suficiente, no me voy a detener en este tema porque para eso hay un libro muy bueno que se llama “Mi niño no me come” del autor  Carlos González.

No me gusta escuchar gritos y llantos innecesarios así que trato siempre de negociar lo que sea negociable.

Uno de mis hijos por un largo tiempo pidió siempre “fideitos”, pero como no puede vivir sólo de fideos hemos encontrado algunas opciones que paso a enumerar:
-          Fideos con crema
-          Fideos con salsa y carne picada (bolognesa)
-          Fideos con atún y crema
-          Fideos con crema y espinaca procesada
-          Fideos con salsa de calabaza y zapallitos (inventada en casa)
Pero también hemos cambiado algunos nombres, si no quiere arroz le decimos que esos son “fideitos de arroz”, también hay “fideitos de raviol y fideitos de ñoquis!!
A las albóndigas de carne picada le mezclo zapallitos hervidos y ni se dan cuenta que tiene zapallito.

Ahora que ya tienen 4 años comen muchas cosas más, no puedo decir que “comen de todo” o lo que uno les ponga adelante pero seguimos incorporando alimentos de a poco, lo importante es ser perseverantes y pacientes.

jueves, agosto 22, 2013

La primer gran travesura…

Hace unos pocos días, exactamente el día del niño (18-08-2013), mis mellizos de casi cuatro años tuvieron su primer gran e inocente travesura pero de esas que son muy peligrosas. Por suerte todo salió bien pero paso a contarles porque después del evento estuvimos casi dos días como en estado de shock por decirlo de algún modo.

Finalizaba el domingo y bajan mis dos hijos con mi marido a despedir a mi papá que había cenado con nosotros y se estaba yendo pero como era el “Día del Niño” mi papá les había traído una pista lanza autos y ellos estaban muy emocionados viendo volar casi literalmente autitos de juguete.

Aclaro que como vivimos en un edificio hay que acompañar a los visitantes hasta la puerta de entrada.
Mientras mi marido despedía a mi papá, los niños van hacia el ascensor (como siempre lo hacían pero se quedaban ahí hasta la llegada del adulto que estuviera con ellos). Esta vez, parece que la urgencia por jugar hizo que se subieran al ascensor, creo yo que para esperar a su papá ahí dentro pero cerraron las puertas y alguien en algún piso llamó al ascensor.
Supongo también que cuando vieron que el ascensor comenzaba a subir y estaban solos intentaron abrir la puerta y por eso el ascensor se frenó pero en nuestro edificio no hay puerta de salida al primer piso, solo pared…

Yo estaba en casa, lavando los platos cuando escucho gritos desesperados de mi marido y de los chicos. Mi marido gritaba “Dónde están?!” y subía y bajaba las escaleras corriendo tan rápido que sólo lo pude ver por un instante cuando me asomé. Los chicos gritaban y lloraban y yo salí así como estaba pero tuve un segundo de lucidez y volví a buscar las llaves del departamento y el celular, cerré de un portazo y fui corriendo a planta baja.
Ahhh también en nuestro edificio existe el piso (-1) subsuelo que tampoco tiene salida y es una pared porque no tenemos subsuelo pero si alguien toca el botón el ascensor va hacia abajo, con lo cual no sabíamos en dónde estaban nuestros hijos.
Sinceramente yo no entendía qué estaba pasando y mi marido era sólo una sombra que pasaba por mi lado corriendo mientras subía y bajaba. Creo que en su desesperación él tampoco entendía lo que hacía porque no contribuía en nada correr y gritar.

Llegué a planta baja y me encuentro a un vecino que siempre bebe de más y ese día no era la excepción que me da algunas ideas absurdas para tratar de sacar a los chicos. Durante dos segundos tuve a mi marido a mi lado y le pedí que subiera a buscar a la encargada del edificio, no sabía bien que iba a hacer pero sabía que lo primero era buscar que se calmaran para saber si estaban lastimados o no y ver que se podía hacer.

Desde ahí empiezo a hablarle a los nenes, a decirles que yo estaba ahí, que se queden tranquilos y que los íbamos a sacar. La realidad es que ni yo sabía como iba a sacarlos, ya me imaginaba a los bomberos teniendo que socorrernos por eso empecé por el camino de hablar y tranquilizar. Sinceramente no creía que se solucionaría pronto pero cuando escucharon mi voz se calmaron bastante rápido. De hecho se hizo un silencio que me heló la sangre porque no sabía si me escuchaban o se habían desmayado y de repente escucho la voz de mi marido desde otro piso que le da las indicaciones a Ramiro para que con mucho cuidado cierren la puerta y aprieten el número cero. En segundos el ascensor comenzó a moverse pero fue hacia arriba, nadie recuerda en qué piso paró, ni siquiera mi marido que era el que los iba siguiendo por los pisos.
Cuando los vi, tenían una carita de susto terrible pero no estaban lastimados y se los veía muy pero muy afligidos.
El padre tuvo que reponerse y le llevó algunas horas, en mi caso, no se porqué pero sentía que las cosas ya estaban bajo control. Llevé a los chicos a su habitación les pregunté lo que había pasado y les expliqué todo lo peligroso de la situación para que entendieran que no se pueden subir solos a un ascensor. Por esa noche suspendí los juegos , los abracé muy fuerte, les dije cuanto los amo y les aclaré que al día siguiente íbamos a hablar los cuatro pero que ahora vayan a descansar.

Fue un momento terrorífico para todos por lo que no me pareció adecuado gritar y asustarlos más. Creo que con lo que vivieron en el ascensor fue más que suficiente!

Al día siguiente charlamos los cuatro sobre lo sucedido y ya más calmados, Ulises nos cuenta que él no podía tocar ningún botón porque estaba muy asustado y que fue Ramiro quien cerró la puerta y apretó el botón.

Sin medir demasiado la expresión solté un “wow como un super héroe” y Ramiro me responde:
“No, mamá yo era Tony Stark porque no tenía el traje”.
No pudimos evitar reírnos de su inocente ocurrencia y admirar la fantasía y el poder de imaginación de los niños aún para las situaciones más complicadas.

lunes, julio 01, 2013

De cómo dejamos los pañales y el chupete…

La otra tarde, mientras tomábamos mate con mi marido, caímos en la cuenta de cuánto habían cambiado las cosas en casa. El está pudiendo estudiar, los chicos son muy colaboradores y sobre todo reflexionamos sobre las etapas.

Siempre supe que debía esperar el tiempo madurativo de cada uno de mis hijos para el tema “pañales”, en cambio a mi marido, muchas veces le ganaban las imposiciones sociales. Yo decía: “No importa si es invierno o verano, van a dejar los pañales cuando no los necesiten más”, pero a él le costaba creerlo.
Mientras tanto usábamos la “pelela” (cuando se acordaban) o el adaptador de inodoros pero si querían continuar con el pañal así lo hacían.

Cabe aclarar que uno de mis hijos desde el año y nueve meses que no quería hacer caca en su pañal y pedía ir al baño. Ese fue un paso importante pero igualmente decidimos acompañar sus etapas sin apurarnos.

Al día siguiente de su cumpleaños número tres, Ulises  me dijo que no quería más pañales, se los sacamos y fue un día sin accidentes.
Llegó la noche y le propongo ponerse pañal para dormir pero me responde que él ya los dejó. Entonces le explico que a veces dormido se puede escapar un pis y que si quería le ponía un toallón en la cama. Pero él me responde con mucha seguridad: “No mamá, no me voy a hacer pis y el toallón ponéselo a Rami si querés”.
Acepté su petición y hasta el día de hoy, el máximo accidente fue no embocarle al inodoro!!!

Con Ramiro fue muy distinto porque él toma mucho líquido durante el día. Así que transcurrió el verano y aunque ocasionalmente estaba en calzoncillos prefería el pañal. Creo también que había una cierta cuota de vagancia de su parte porque casi todo el día (cuando se acordaba), pedía para hacer pis.
En marzo, a sólo dos días de empezar las clases nos enteramos que en el jardín donde iban a ir jornada completa, no podía entrar con pañales y como yo no tenía intenciones de obligar al nene a dejarlos en dos días, rechacé las vacantes y fuimos a lista de espera de otro jardín.

Mientras tanto, como ellos estaban esperando ansiosos empezar el jardín y no pudieron ir, hablamos de lo sucedido y le explicamos a Ramiro que iban a ir a un jardín distinto al que ya habían visto y sólo por la tarde pero que durante las horas de jardín no podía usar pañal porque la “seño” no se los podía cambiar. Lo entendió muy bien y sólo una vez tuvo un accidente camino al jardín, pero cuando volvía a casa pedía el pañal nuevamente.
De a poco, el tiempo de pañal se fue acortando y llegó solamente a usar por la noche, desde abril hasta los primeros días de junio. De todos modos siempre le preguntaba cuando iba a dejar los pañales de la noche y él respondía: “Cuando sea más grande”, después empezó a responder: “el martes” y cuando llegaba el día me decía: “Hoy no, me equivoqué”, así que seguíamos transitando las noches con pañales.

Pero el 10 de junio me dijo: “Ahora sí mamá, ya soy grande, tirá los pañales o dáselos a otro bebé”.
Las dos primeras noches estuvieron muy bien pero después (como tiene el sueño muy pesado), se hacía pis.
Le pregunté si quería otra vez el pañal y me dijo que no, pero se angustiaba y lloraba cuando se despertaba mojado. Así que decidimos poner el despertador y llevarlo al baño en la madrugada. Así estamos desde Junio pero no se mojó más y él se levanta feliz porque es un nene grande!!!

Con respecto al chupete, trataré de ser más breve.
Sólo Ulises usó chupete y tenía las paletas (los dos dientes de adelante), un poco hacia fuera. Todos los días le decíamos y le mostrábamos que el chupete no le hacía bien.
Ya tenía 3 años y 4 meses cuando nos dimos cuenta que sólo lo buscaba para dormir y durante el día no lo usaba.
Una noche jugando con su hermano se golpea la boca y le sale un hilo finito de sangre. Llamo a una amiga odontopediatra y nos dice que por unos días no puede succionar, así que aprovechamos la situación y le contamos lo que dijo la “Dra. de los dientes” para que el diente no se mueva mucho y se recupere bien.
La primera noche pidió el chupete y le recordamos lo que dijo su odontopediatra, rezongó sin llorar, dio algunas vueltas y se durmió.
La segunda noche volvió a preguntar, hablamos de lo mismo y se durmió más rápido.
La tercera noche volvió a preguntar, hablamos de lo mismo y le ofrecimos un trato, si pasaba 7 días sin chupete podía pedir un premio y guardamos el chupete en una cajita plástica en el fondo de un cajón.
Pasaron los días y se olvidó. Sin llantos, sin angustia y sin noches sin dormir para nadie.
A su hermano, no le gusta para nada el chupete pero usa la mamadera más pequeña que tenía de bebé con jugo de manzana.
Es lo último que nos queda dejar, ya les contaré como nos va pero es un tema que también hablamos todos los días y por ahora él dice que lo va a dejar en su cumpleaños número cuatro.