Ya pasaron varios días desde la mudanza, exactamente 24 y aunque todavía faltan cosas por acomodar y nos queda un caminito por recorrer con el departamento anterior, debo admitir que la transición fue bastante rápida y efectiva.
No se porqué se me ocurrió pensar que tal vez los nuevos ruidos, el poco espacio y la nueva distribución de los muebles iban a provocar algún tipo de alteración en nuestra familia, pero para mi sorpresa, los chicos durmieron bien desde la primer noche.
Ayudaron mucho embalando sus cosas y acomodando su nuevo placard, organizando sus juguetes y ahora están incorporando bastante bien nuevos hábitos de orden ya que no hay mucho margen para dejar cosas fuera de su sitio en el poco espacio que tenemos. Así que me sorprenden diariamente acomodando sus abrigos, su ropa y sus juguetes y ayudándome con la rutina de hacer las camas o limpiar los vidrios empañados, se los ve felices y colaboradores. Creo que la cercanía al parque ayuda mucho porque ahora pueden jugar un rato todos o casi todos los días.
Es sorprendente cómo van armando lazos con sus amigos, cuando eran más chicos, los adultos elegíamos el momento para la plaza. Ahora salen del jardín y ya van avisando que arreglaron con algún amiguito y que van a ir un rato a la plaza. La primer vez que me pasó me dio mucha risa y le dije a Ulises que no podíamos porque yo tenía otras cosas que hacer y Ramiro estaba en casa enfermo y lo estaba cuidando su papá. Pero rápidamente recordé lo lindo que era organizar un encuentro para jugar con los amigos y acordamos que íbamos sólo un ratito. Además es muy bueno darle un rato de exclusividad a los hijos cuando tenemos más de uno y la mayoría de las cosas se hacen en bloque. Es muy necesario para ellos tener un rato sólo a mamá o sólo a papá. Así que fuimos a la plaza y ¡nos divertimos mucho!
Me encanta que sucedan estas cosas y verlos tan contentos, el parque está lleno de hermosos árboles con raíces enormes y por fin pudieron subirse a los árboles, algo que no habían hecho nunca. También quedaron fascinados con el Jardín Japonés, los puentes de madera y los peces y mucho más con la idea de que ¡sólo está a ocho cuadras!
Les gusta el balcón de la vecina y también quieren tener plantas y flores como ella. Aunque es mucho más pequeño el espacio del balcón, hemos comprado unas cuántas flores que esperamos sobrevivan el invierno y están ansiosos por ponerlas en las macetas nuevas.
Cada día es una aventura para ellos y hasta llegaron a preguntar ¡cuándo va a ser la próxima mudanza! Me parece que sirvió mucho hacerlos participar en todo, en la elección del departamento, en guardar sus juguetes y elegir como acomodarlos acá, en elegir las cosas que ya no usan para regalar, acomodar los cuentos, etc.
Creo que nos hacía falta un cambio de aire, tal vez los grandes entre tanto estrés no podemos ver ciertas cosas pero lo bueno es que para eso están los chicos, no? Para hacernos apreciar las cosas pequeñas.
No creo que para ser feliz se necesite “una casa con tres pinos” y muchas cosas o vivir en un lugar en particular. Creo que es importante estar equilibrados con nosotros mismos y eso hace que, sea grande o chico el lugar uno pueda sentirse feliz, pero un empujoncito a veces hace falta para poder ver que las cosas son distintas y ahora tratar de mantener el equilibrio y que cada vez cueste menos para que se vuelva algo natural, una parte más de nuestras vidas…
Ahh, me olvidaba, ya no grito más, volvimos a nuestra “normalidad” una vez acomodados. Ahora sólo estoy lidiando con frases agresivas que escuchan en el jardín y repiten sin saber qué dicen, así que todos los días charlamos sobre la importancia de no hacer sentir mal a los amiguitos con cosas que sin querer podemos decir…
No se porqué se me ocurrió pensar que tal vez los nuevos ruidos, el poco espacio y la nueva distribución de los muebles iban a provocar algún tipo de alteración en nuestra familia, pero para mi sorpresa, los chicos durmieron bien desde la primer noche.
Ayudaron mucho embalando sus cosas y acomodando su nuevo placard, organizando sus juguetes y ahora están incorporando bastante bien nuevos hábitos de orden ya que no hay mucho margen para dejar cosas fuera de su sitio en el poco espacio que tenemos. Así que me sorprenden diariamente acomodando sus abrigos, su ropa y sus juguetes y ayudándome con la rutina de hacer las camas o limpiar los vidrios empañados, se los ve felices y colaboradores. Creo que la cercanía al parque ayuda mucho porque ahora pueden jugar un rato todos o casi todos los días.
Es sorprendente cómo van armando lazos con sus amigos, cuando eran más chicos, los adultos elegíamos el momento para la plaza. Ahora salen del jardín y ya van avisando que arreglaron con algún amiguito y que van a ir un rato a la plaza. La primer vez que me pasó me dio mucha risa y le dije a Ulises que no podíamos porque yo tenía otras cosas que hacer y Ramiro estaba en casa enfermo y lo estaba cuidando su papá. Pero rápidamente recordé lo lindo que era organizar un encuentro para jugar con los amigos y acordamos que íbamos sólo un ratito. Además es muy bueno darle un rato de exclusividad a los hijos cuando tenemos más de uno y la mayoría de las cosas se hacen en bloque. Es muy necesario para ellos tener un rato sólo a mamá o sólo a papá. Así que fuimos a la plaza y ¡nos divertimos mucho!
Me encanta que sucedan estas cosas y verlos tan contentos, el parque está lleno de hermosos árboles con raíces enormes y por fin pudieron subirse a los árboles, algo que no habían hecho nunca. También quedaron fascinados con el Jardín Japonés, los puentes de madera y los peces y mucho más con la idea de que ¡sólo está a ocho cuadras!
Les gusta el balcón de la vecina y también quieren tener plantas y flores como ella. Aunque es mucho más pequeño el espacio del balcón, hemos comprado unas cuántas flores que esperamos sobrevivan el invierno y están ansiosos por ponerlas en las macetas nuevas.
Cada día es una aventura para ellos y hasta llegaron a preguntar ¡cuándo va a ser la próxima mudanza! Me parece que sirvió mucho hacerlos participar en todo, en la elección del departamento, en guardar sus juguetes y elegir como acomodarlos acá, en elegir las cosas que ya no usan para regalar, acomodar los cuentos, etc.
Creo que nos hacía falta un cambio de aire, tal vez los grandes entre tanto estrés no podemos ver ciertas cosas pero lo bueno es que para eso están los chicos, no? Para hacernos apreciar las cosas pequeñas.
No creo que para ser feliz se necesite “una casa con tres pinos” y muchas cosas o vivir en un lugar en particular. Creo que es importante estar equilibrados con nosotros mismos y eso hace que, sea grande o chico el lugar uno pueda sentirse feliz, pero un empujoncito a veces hace falta para poder ver que las cosas son distintas y ahora tratar de mantener el equilibrio y que cada vez cueste menos para que se vuelva algo natural, una parte más de nuestras vidas…
Ahh, me olvidaba, ya no grito más, volvimos a nuestra “normalidad” una vez acomodados. Ahora sólo estoy lidiando con frases agresivas que escuchan en el jardín y repiten sin saber qué dicen, así que todos los días charlamos sobre la importancia de no hacer sentir mal a los amiguitos con cosas que sin querer podemos decir…