jueves, enero 02, 2014

Los terribles dos años

Hoy gracias a una pregunta que leí en el grupo de Facebook para familias múltiples, recordé lo que había pasado durante los “terribles dos años”:
Generalmente no tengo registro de esas cosas hasta que algo me los devuelve a la mente, por eso a veces lamento no haber escrito algunas cosas antes!

Si bien en casa (por ahora) no hay maltrato físico entre ellos (no se muerden , ni se tiran del pelo, ni se pegan) era muy frecuente el llanto y griterío por tener lo que tiene “el otro” aunque haya otro objeto igual.
Al principio siempre traté de manejarme con la técnica de “distracción” que había leído en algún libro.

Si la disputa era aguerrida, proponía que jugáramos los tres con algún otro objeto en cuestión que también les gustara y guardábamos lo que generaba conflicto.
Cuando el Plan A no funcionaba, pasábamos al Plan B. Mis hijos no conocieron las golosinas hasta el año y medio o más y creo que gracias a eso el Plan B funcionaba.

Cuando no había manera de convencerlos con otro juego/juguete a veces aparecían “mágicamente” dos caramelos o dos chocolatines o algunas galletitas (según la hora del evento y la cercanía con las comidas principales) y cuando veían la nueva propuesta dejaban de gritar y se ocupaban de pelar el caramelo y comerlo. Para cuando habían terminado ya nadie recordaba el motivo de pelea o yo sacaba del medio el juguete en cuestión.
En casa nunca damos golosinas como premio, tampoco es algo que aparezca diariamente en nuestras vidas, pero tengo mi cajita secreta y ellos también aprendieron que pueden comer poca cantidad por todos los motivos que los adultos ya conocemos.

Pero llegó un momento,  a medida que se hacían más grandes, que tanto Plan A y Plan B no funcionaban,  así que surgió Plan C.
Pusimos la inicial de cada uno de los niños en cada uno de sus objetos sean estos iguales o diferentes y ante cualquier pelea, les pedíamos que nos escucharan un segundo y le mostrábamos la  letra. Si alguno tenía algo que no le correspondía se daba cuenta al mirar la inicial del nombre y se lo daba al hermano. También desde ese momento empezamos  a  explicarles que las cosas se pueden compartir más allá de la letra que tengan y que si uno quería que le presten también tiene que prestar.
Ahora a los cuatro años, muchas cosas ya no tienen letra pero se los escucha negociar y por suerte son pocas las peleas entre ellos.

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